Paradoja de certezas inciertas

Escribo desde la paradoja de las certezas inciertas, desde el pasado irreflexivo, desde el futuro reactivo, desde las vidas imaginarias que no me atreví a vivir.


Escribo para ti niña bella de mi cuarto grado, que me escribiste esa nota diciendo que no te parecía tan apuesto, y yo me atreví a encararte y pedirte que me lo dijeras viéndome a los ojos, y entonces vi en tus ojos que mentías, que la verdad es que yo te inquietaba un poco.

¡Ah, pero no me atreví a encararte!

Y luego de encararte empezamos a hacernos notitas declarando nuestro inocente amor de niños inquietos, y en el recreo me dabas la mitad de tu emparedado, y me sujetabas la mano hasta que quedabamos sudados.

¡Ah, pero no me atreví a encararte!

Y una tarde al salir de la escuela llegaste corriendo como un tornado, casi sin notarte pasaste a mi lado y me diste un beso tierno en la mejilla que me dejó anonadado. Aunque fue mitad en la mejilla, mitad en la comisura de mis labios.

¡Ah, pero no me atreví a encararte!

Y pasaron tres años de escuela primaria, y nuestros padres nos separaron, a distintas secundarias nos enviaron. Y fuiste mi primer amor inocente, algo más que mi primer amor platónico. Y pasamos tres años soñados, transición de la niñez a la adolescencia caminando de tu lado.

¡Ah, pero no me atreví a encararte!

Escribo para ti niña bella de la secundaria, que me escribías tantas notitas diciendo que
yo te gustaba, implicando que mi novia querías ser. Y creo que sabías que otra niña hacía lo mismo que tú. Me escribía sendas notitas sugestivas. Mas lo que tú no sabes es que un año antes yo ya me había mirado en los ojos de la otra niña, ya me tenía cautivado, se te había adelantado.

Pero no elegí a la otra niña que me había cautivado, te elegí a ti que ni novio habías tenido, (y ahora que me acuerdo yo tampoco había tenido novía, sino en alguna
vida imaginaria). Te elegí por tu sonrisa sincera, por tus ojitos de casi quinceañera. Te elegí porque tu sonrisa me iluminaba como un sol de verano, como una floresta de primavera.

¡Ah, pero no te elegí a ti, a la otra niña elegí!

Y a la otra niña le di mi primer beso, mis primeras frases de amor correspondidas, mis primeros besos inocentes sin mordidas. Le di mi primer abrazo de amor. Con ella soñé un amor sin final, un amor para toda la vida. Mas ella me dejó a las breves semanas, algún problema con su mamá que veía en nuestra relación inocente un claro obstáculo para su futuro, el que ella soñaba para su hija.

¿Y si te hubiera elegido a ti?

Dos años de secundaria te quedaste a mi lado. Los recreos tenían más color, un aroma distinto, el aroma de nuestro inocente amor. Llegar al instituto era llegar al paraíso porque
allí estabas tú, mi niña Eva, para tu niño Adan.

No teníamos redes sociales ni teléfono móvil, yo ni siquiera tenía teléfono de línea en casa. Ah, pero nos comunicabamos por una red telepática, en un espacio etéreo donde se encuentras los enamorados.

Me escribías tuits en retazos de papel arrancados de la hoja de un cuaderno. Y yo te escribía igual mis tuits de respuesta. Me hacías tarjetas de agradecimiento por cada mes cumplido de noviazgo y yo te escribía las mías.

Y luego de dos años de embeleso, de tardes adornadas con más de un beso, el destino te arrancó de mi lado. Fuimos a concluir la secundaria en lugares distintos. El idilio había acabado.

¡Ah, pero no te elegí a ti, a la otra niña elegí!

No te elegí la primera vez, pero pocos años después a tu casa te fui a buscar y te volví a encontrar, tan linda como siempre o más hermosa que nunca. Tu sonrisa me dió la bienvenida, tu rostro de sol me iluminó una vez más. Yo ya me había mudado a otra zona de la ciudad, pero había planes de mis padres de volver a tu zona y me ilusioné contigo otra vez.

Y supe que no tenías novio, y supe en tus ojos que me estabas esperando, que  nhelabas que volviera a tu lado. Y me presentaste tu extraña afición, me mostraste la  tarántula que tenías en un recipiente de cristal en tu dormitorio. Y el cobarde de mí, tuvo tanto miedo. Acercarme a tu monstruosa tarántula no me atreví. Y mi tonta mente inocente me mostró el futuro contigo. Viviendo juntos en nuestro hogar, con unas cuantas tarántulas y serpientes vivas como mascotas, jugando con nuestros niños, durmiendo conmigo a la par de mi almohada y francamente los nervios me crispó.

Pero te quería a mi lado y a tus tarántulas y serpientes habría aceptado, pero el destino me hizo una mala jugada, te mantuvo de mí alejada. Nunca me mudé de vuelta a tu zona. Me quedé viviendo en una zona muy alejada, y ni siquiera un trasporte propio para visitarte. La vida se hizo agitada, desde que la universidad me dió entrada. Apenas respiraba, medio dormía y hasta medio tiempo trabajaba.

Escribo desde la paradoja de las certezas inciertas, desde el pasado irreflexivo, desde el futuro reactivo, desde las vidas imaginarias que no me atreví a vivir.

Y mis padres decidieron mudarse de vuelta a tu zona de la ciudad, a pocas cuadras de tu casa. Y nos hicimos novios de juventud, fuimos a la misma universidad, pasamos tantas tardes juntos, estudiabamos juntos por las tardes (bueno, medio estudiabamos, era más lo que nos besabamos), nos casamos, tuvimos tres hijos, envejecimos juntos.

Y en mi lecho de muerte, tu rostro con las más hermosas arrugas que puede dejar el  tiempo, me volvió a sonreiry me volvió a mirar con esa mirada de sol, y entibiaste así mi último atardecer sobre la faz de esta tierra.

¡Y fui feliz, a tu lado fui inmensamente feliz!

Escribo desde las vidas imaginarias que nunca me atreví a vivir.



Prosa poética originalmente publicada el 24-marzo-2017 en poemame.com

Comments

Popular posts from this blog

Cuesta un mundo respirar

El canto del último malvís

Noche oscura, tercera hora (Haibun)