Soledad
He vivido muchas vidas en soledad.
He bajado la escalinata hacía el oscuro abismo de la desolación, mis pies han sangrado. Allá abajo todo es oscuro y helado.
He sudado noches batiéndome a duelo con insomnios Samurai. Mis espadas de papel.
He bebido galones de tristeza, sin azúcar y sin leche.
He llorado ríos de amargura que manan de la roca de un corazón sangrante. Sus peces muertos.
A veces, hemos sido dos soledades haciéndonos compañía. En una pradera de almendros verdes, flores lila, viento fresco y aroma lavanda. ¿O ha sido un sueño?
He jugado ajedrez con la muerte. Sus torres, demasiado altas, nido de dragones. Sus caballos son de dos cabezas con ojos de diamante, aguerridos. Su reina, viste toda de cuero, botas negras muy altas; tiene pechos prominentes y una piel muy blanca; tiene látigos de fuego en la lengua; invencible.
He caminado desiertos, áridos, humeantes; con escorpiones gigantes que juegan a las cartas mientras fuman puros de vapor dorado. Las lagartijas bronceadas toman el sol todo el día. El oasis siempre está lejos.
He vagado por la playa, su arena quema mis pies, corro para llegar al mar azul, que se aleja, le salen alas y vuela al horizonte.
He recorrido kilómetros de huertos con plantas que brotan dinero, todas sus hojas son billetes de alta denominación; pero no hay frutos ni vegetales que comprar.
He caido por un acantilado y he tardado décadas en tocar su fondo.
He viajado por páginas y páginas de letras escritas para mitigar este sentimiento, este dolor.
Te he buscado en millones de rostros sin vida. He abrazado tantos cuerpos fríos. He bebido el agua de tantos manantiales secos. Nunca te encuentro. A ti, el fin de mi soledad.
Originalmente publicado en Poemame.com

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